Un 3 de julio de 1888 nació Gómez de la Serna y el mundo nunca fue igual. Vanguardista irreverente, leía poemas en los trapecios de los circos, deploraba las convenciones y no dejaba café madrileño sin su huella. Escribía biografías de personajes que de algún modo evocaban la propia vida Ramón y vivió para contar su muerte cuando el 15 de septiembre de 1927 se divulgó la noticia de su muerte, causando conmoción y tristeza, mas aun sopresa cuando los que llamaban a su casa para dar el pésame escuchaban al propio Ramón saludarles. No fue hasta 1963 que le tocó morir en Buenos Aires. 

Quizá lo más que le arrimaba a su obra eran las llamadas greguerías que él inventaba. Cruce entre haikú y aforismo, la greguería podría considerase un género en sí mismo. Paremias o no, las greguerías de Gómez de la Serna vienen servidas en línea genealógica con Latréaumont, Oscar Wilde y Max Jacobs. 

A fin de cuentas, si no hay nada más allá del texto, las greguerías son formas de vida. Estados de Facebook. O tuits.


A la memoria de Gómez de la Serna, reproduzco algunas aquí: 

La magia se ha perdido. ¡Ya hay zapatos de cristal para todos los pies!

El tren parece el buscapiés del paisaje.

En la veleta, el viento monta en bicicleta.

Las espigas hacen cosquillas al viento.

Sólo el poeta tiene reloj de luna.

Los perros nos enseñan la lengua como si nos hubiesen tomado por el doctor.

El hielo suena en el vaso como el cencerro de cristal de la cabra del whisky.

La mujer es así: las medias no pueden ir arrugadas, pero los guantes largos sí.

El tábano pasa cantándoles el responso a las flores.

La pala es la primera y la última amiga del hombre, primero en la arena de los juegos infantiles y por fin descansando sobre el último montículo en el cementerio.

Lo más importante de la vida es no haber muerto.

La T es el martillo del abecedario.

El orador es un instrumento de viento que toca solo.

Nostalgia: neuralgia de los recuerdos.

«Pan» es palabra tan breve para que podamos pedirlo con urgencia.

El beso es una nada entre paréntesis.

El sueño es un depósito de objetos extraviados.

El peine es pentagrama de ideas muertas.

Lo peor de la ambición es que no sabe bien lo que quiere.

Hay pensamientos pacificadores, como éste: «El sexo daría interés a un peñasco».

Monólogo significa el mono que habla solo.



—Tomado de Greguerías. (Madrid: Cátedra, 2006).


 

Blog Archive