Kerem Yucel, AFP/Getty

Space X envía un cohete al espacio y el momento es histórico. Esto, por supuesto, ocurre en el cielo.

La nave espacial Crew Dragon va pilotada por Bob Bhenken y Doug Hurley. Los héroes siempre van como los animales en el arca de Noé, de dos en dos. Como Sal Paradise y Dean Moriarty en el On the Road de Kerouac; Leopold Bloom y Stephen Dedalus en el Ulises de Joyce;  como Don Quijote y Sancho Panza.

Pero hoy no escribo de literatura. Hoy escribo del dolor. Hoy escribo desde el miedo y el espanto en un día en que la vida se ha tornado novela distópica.

Estados Unidos, el cliente de empresas Space X, emprende su más importante empresa espacial desde 1980. Como la colonización del oeste, iniciada en 1803. Como el destino manifiesto. Es domingo de pentecostés.

Las imágenes en directo frustran a los terraplanistas: la tierra no es plana.

Lo siguiente, sin embargo, ocurre en la tierra.

Cinco días antes, un lunes del Día de la Recordación, un oficial de la policía de Minnesota hinca su rodilla con precisión, presión e insistencia sobre el cuello de George Floyd. No puedo respirar, suplica Floyd. Por favor, dice. Llama a su madre dos veces. Mamá, no puedo más, es lo último que dice.

Floyd, afroamericano, muere sofocado.

La policía de Minneapolis, que inicialmente había detenido a Floyd por presunta falsificación de un billete de veinte dólares, informa que la muerte de Floyd se debió a un «incidente médico». El informe también expone que Floyd había mostrado resistencia al arresto, aún cuando los vídeos que capturaron el suceso evidencian lo contrario.  

El acto es el más reciente incidente de brutalidad policíaca de policías blancos contra ciudadanos afroamericanos.

Hoy no se duerme en Minneapolis, Atlanta, Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Denver, DC, Columbus, Salt Lake City, Dallas, Houston, Louisville. Amanece Alemania, Dinamarca, Italia y Francia en protestas solidarias.

Sin justicia no habrá paz, dice la pancarta que lleva un manifestante. A Derek Chauvin, el asesino de Floyd, le imputan acusaciones de muerte en tercer grado y asesinato involuntario en segundo grado.

En medio de más de una calle o avenida de los Estados Unidos, un fuego devora la patrulla policial.

Esta será una nueva era, dice Elon Musk cuando habla de su proyecto Space X.

En Nashville, protestantes ahogados por la frustración y la ira, queman una bandera estadounidense. Nashville es todas partes.

En la tele, un grupo rebelde saquea una tienda de zapatos y los medios televisivos cierran fila con la policía. El mensaje se ha perdido, dice un comentarista noticioso en Telemundo; esto es robo y saqueo.

No, el mensaje no se ha perdido: lo que llaman saqueo es el grito de la marginación y la desigualdad. La América corporativa —la que respalda y financia a candidatos presidenciales como Trump— no puede desentenderse del asunto. En Macbeth, Lady Macbeth sueña que lava sus manos pero nunca logra que estén limpias. No puede restregar la sangre que inunda la mirada. El presidente Trump, luego de manifestar que intentará regular las redes sociales, anuncia que cuando inicia el saqueo, la ley es el tiroteo.

Es un acto de valentía por parte de las autoridades, dice un comentarista de Univisión.

En América, fracasar no es opción, dice el director de NASA, en referencia a la nueva conquista del espacio con miras a poblar el planeta Marte.

En New York queman una bandera estadounidense. New York está en todas partes. Estará en Marte.

En Washington, Trump hace un llamado a celebrar la noche de MAGA y reanudar el compromiso con su idea de América. Grandiosa. Nuevamente. En la marcha, supremacistas blancos marchan gritando consignas antisemíticas. Los judíos no nos reemplazarán, dicen. Por orden del gobernador Tim Walz y respaldado por órdenes de los alcaldes Jacob Frey y Melvin Carter, las ciudades gemelas Minneapolis y Saint Paul, así como regiones circundantes, entran en un toque de queda a las ocho de la noche. Todas las noches.

La tierra, para los oprimidos, sigue siendo plana.

No puedo respirar, dijo Eric Garner en julio de 2014 cuando los oficiales de la policía de la ciudad de Nueva York se sentaron sobre su cabeza. Lo inmovilizaron. Lo asfixiaron en la acera de la ciudad.

Michael Brown en Ferguson. Freddie Gray en Baltimore. Breonna Taylor en Louisville; Breonna Taylor dormía al momento de su asesinato a manos de la policía. Es una horrible lista de historias sobre la policía matando seres humanos de raza negra. Y a este punto, las calamidades ya resuenan con espantosa familiaridad. Como informan Kat Chow y Shereen Marisol Meraji en el podcast Code Switch, las historias son tan habituales que, de hecho, sus detalles han comenzado a hacerse eco entre sí.

En una de las protestas en Nueva York, el fotoperiodista televisivo captura a un ciudadano implorando al cielo, sus ojos perdidos en las nubes, supongo.

Se estima que el regreso de los astronautas del Crew Dragon ocurra entre seis a dieciséis semanas, tiempo en que la tripulación deberá permanecer Estación Espacial Internacional.

Un pedazo de historia acaba de ser escrito, dice la anfitriona de la transmisión del despegue del Crew Dragon.

En Minneapolis queman una bandera estadounidense.  Minneapolis queda en todas partes. A nosotros nos toca un pedazo mayor de historia por escribir.

Blog Archive